OSSE: Restringido de 11 a 17
21/12/2007

Antonini Wilson y la trama secreta de las valijas

MDZ, un medio online de Mendoza afirma que ha tenido acceso a información directa que tiende a revelar una ruta del dinero de los dólares venezolanos, involucrando a EE.UU., Venezuela y Argentina.

MDZ ha tenido acceso a información directa que tiende a revelar una ruta del dinero de los dólares venezolanos, involucrando a Estados Unidos, Venezuela y Argentina.

Nadie que no sea un perfecto anticastrista puede vivir en Miami. Allí, ante la ventanilla, para sacar carta de ciudadanía o simplemente veranear en la playa y en los shoppings, antes de extender el documento de identidad, hay que manifestar estricta oposición a Fidel Castro y, ahora, a Hugo Chávez.

Quizás después sea posible entrar y recorrer calles con palmeras a bordo de una Ferrari, como Guido Antonini Wilson y detenerla en el restaturante anticastrista por antonomasia de La Florida: el Versailles, en la Pequeña Habana. Allí, lo correcto es pedir un mojito y añorar las noches de Tropicana, sólo a los fines de dejar en claro que se puede perder un territorio, pero no una cultura.

Y también adoctrinar a los venezolanos recién llegados, acerca de que es posible perder un territorio, el de Cuba, pero no dos, porque, para todos en Miami, Hugo Chávez no es más que un tremendo pichón de Fidel que, a fuerza de echar gente, está provocando que en la península de la Florida cada vez se baile más joropo.

Este puede ser el marco conceptual de rodaje de una película que no tendrá final en el mediano plazo y que involucra, por lo menos, a tres naciones –Venezuela, Estados Unidos y Argentina– y a una cantidad enorme, pero indefinida de dólares que viajan graciosamente de valija en valija. Como en todo film con pretensión de clásico, busquemos, entre los muchos comienzos posibles, uno cinematográficamente adecuado.

Abril de 2005, sábado, cinco de la mañana en un bar de Key Biscayne. Una pareja sale del bar, al tiempo que también lo hace un joven de 27 años totalmente ebrio. La pareja observa una Lamborghini coupé, que resulta ser del joven.

- ¿Quieres subirte? Te llevo a dar un paseo.
- No es que estoy en mi propio carro y con mi esposa. Igualmente, agrad…
- Vamos súbete. Tu esposa nos sigue y, al cabo de cinco minutos, cumples tu sueño de haber viajado en una Lamborghini por una avenida de Miami.
- Está bien, sólo cinco minutos y mi mujer nos sigue.

A los once segundos, exactamente, la Lamborghini se estrella espectacularmente contra una palmera.

Aquí, en sobreimpreso, el título del film: “La trama secreta de las valijas”, mientras la cámara sobrevuela Miami, sus playas y palmeras, la chica en patines, los cubanos que viraron del son al rap, los yates, los hoteles, Jackson y La Boulangerie, donde Antonini Wilson desayunaba con jugos de frutas, las piscinas y sus azules imposibles, los ejecutivos y la señora que pasea un perro. Siempre, en toda película, una señora ha de pasear un perro.

El tremendo accidente costó la vida al eventual soñador del bar de Key Biscayne. Su mujer, aún hoy, tiene en su cabeza el tremendo impacto del vehículo contra la palmera.

Dos días después, el lunes, los medios de comunicación dieron a conocer la noticia: el joven ebrio era el hijo del número dos de PDVSA (la empresa estatal de petróleo de Venezuela), volando en un coche de 400.000 dólares. Aún en terapia intensiva, lo vienen a buscar en un avión privado y lo trasladan a Venezuela. La empresa, con este incidente, comenzaba a hacer notar su presencia en Miami.

Un año después, diciembre de 2006, a pocos meses de un intento de golpe de Estado contra Chávez, aterriza en un aeropuerto privado de Miami un individuo que estuvo entre los dos primeros responsables del manejo de la finanzas de Venezuela. Sabedor de que Estados Unidos sólo pueden ingresarse sin ser declarados hasta 9.999 dólares, el hombre declaró 9.900. Los agentes detectaron un clima sospechoso y, luego de revisar al resto de la tripulación, encontraron 50.000 dólares. Entonces, demoran al ingresante y, para asombro de los agentes, descubren que hasta hace dos meses había sido altísimo funcionario del gobierno de Venezuela.

Tanto el incidente de la Lamborghini como el del avión privado llevaron a una investigación profunda. Lentamente, una ruta del dinero comenzaba a vislumbrarse, al menos para los Estados Unidos. Y Venezuela cada vez más empezaba a estar en boca de Miami.

“Lo normal de ese tiempo a esta parte es que en la escuela te encuentres con ocho, diez niños venezolanos nuevos. Son hijos de empresarios que están huyendo de Chávez”, nos confiesan desde un prestigioso bufete de Miami.

Entonces, los cubanos anticastristas comenzaron a contactar a esos empresarios venezolanos: “¡Vamos! Organícense, les va a pasar igual que a nosotros con Fidel. No pierdan Venezuela, organícense”. Sin embargo, eran empresarios sin el alto compromiso político que siempre ha caracterizado a los cubanos, ya sea que vivan dentro o fuera de la isla. No obstante, los venezolanos formaron un grupo de monitoreo para seguir al entorno de Hugo Chávez, especialmente, en Miami, el shopping de los latinoamericanos con dinero.

Con tiempo y dedicación, este grupo detectó los movimientos de Guido Antonini Wilson, no sólo en su Ferrari, sino en sus cuentas, y de tres de los cuatro acusados de Venezuela. “Es muy simple, hombre. Aquí, si un venezolano compra una casa de u$s 3.000.000, te das cuenta pronto. Aquí, todo los sabemos, como el caso de un argentino que ha comprado una casa de u$s 8.000.000. Entérate y tendrás sorpresas”, se oye una voz en el teléfono, como si estuviese aquí a la vuelta, en Mendoza, en la tierra del buen vino y del Aconcagua.

Así, quedó a la luz Antonini Wilson, el hombre sorprendido en Argentina con una valija con u$s 800.000. La ruta del dinero del petróleo ganaba destinos y ni bien llegó la noticia a Miami, comenzaron a cerrar investigaciones que habían ocupado a decenas de agentes norteamericanos. Pocos días después, Antonini Wilson desaparece.

¿Qué ocurrió con el “prófugo ese”, como lo llamó el ex presidente Néstor Kirchner? “Hombre, lo aprendieron los federales y, sin mucha paciencia, lo hicieron hablar. Esto sumado a un cúmulo de pruebas como escuchas y filmaciones fue suficiente para llevar a juicio a cuatro de sus compatriotas”, oímos.

Según parece, ni siquiera hizo falta que amenazaran a Antonini Wilson. Tiró sobre la mesa los cuatro primeros nombres, al mismo tiempo que su familia desaparecía de todos los sitios que solía frecuentar. Ahora, Antonini Wilson es testigo protegido de los Estados Unidos de Norteamérica, país que, en la agenda delatora de un venezolano, tiene hasta el nombre de la actual Presidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández de Kirchner.

Unos dicen que toda esta historia es sólo una fantasía tejida con retazos de verdad y que no tiene otro fin que perjudicar a Hugo Chávez y a su relación con Argentina y, por ende, a Argentina. Otros dicen que hay suficientes pruebas como para hacer preocupar y mucho tanto a Chávez como a Fernández de Kirchner.

Nada se ha probado aún, lo sabemos, aunque ya hay flamantes vinculaciones hasta con el mismísimo titular de Inteligencia de Venezuela.

Lo que unos y otros y todos se preguntan y nadie, ni los que están hasta el cuello hundidos en la situación, aún ha respondido es una pregunta bastante simple: ¿Por qué este hombre llegó a Argentina en un avión oficial argentino con u$s 800.000 en una valija?

Este, posiblemente, sea el final de una película que se encuentra en pleno y apasionante desarrollo.

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