11/03/2016

El Presidente recibió a un sacerdote que trabaja junto a jóvenes con problemas con las drogas

Mauricio Macri recibió a Michael Bermont, que desarrolla un importante trabajo social en un barrio del oeste de Gran Mendoza, y a un joven que logró recuperarse de su adicción.

El presidente Mauricio Macri recibió en la residencia de Olivos al padre Michael Belmont y a Jesús Morales, un joven que logró dejar atrás un pasado de adicción y hoy colabora en la parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego” ayudando a otros jóvenes a recorrer el mismo camino. Estuvo presente la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley,

El padre Belmont tiene 41 años y nació en los Estados Unidos, pero a los tres meses se radicó en Mendoza con su madre. En el asentamiento Campo Papa, donde desarrolla su trabajo, viven alrededor de 5 mil personas que conforman unas 600 familias que en condiciones de alta vulnerabilidad, aquejados también por la problemáticas de las drogas y el narcotráfico.

Entre las actividades que organiza se encuentran una panadería, talleres educativos, deportivos y culturales, y grupos de autoayuda donde jóvenes con problemas de adicciones, en situación de calle o que pertenecieron a bandas vinculadas al narcotráfico, son guiados por referentes que han estado en situaciones similares y lograron salir adelante.

Belmont destacó que las personas que lo ayudan con la tarea comunitaria “ponen todo su corazón” en la villa Campo Papa, que es la más grande de Mendoza. El sacerdote lamentó que los jóvenes que participan de las bandas de narcotraficantes corren un alto riesgo de perder la vida y, en ese sentido, señaló que en los cuatro años que lleva predicando allí no tuvo información de fallecimientos por sobredosis pero sí de muchos por hechos de violencia.

El Presidente Macri y la ministro Stanley también charlaron con Jesús Morales un mendocino de 28 años que viene de una familia de clase media. Relató que poco después de los 18 comenzó a sufrir problemas de pareja y familiares, lo que lo llevó a consumir drogas y consecuentemente sufrir lo que definió de “un infierno personal” durante cuatro años.

Así terminó alejándose de su familia, perdiendo su trabajo y su pareja e inclusive llegó a robar en la calle y a su propia familia para conseguir los estupefacientes. Su hermana Emilse lo convenció para que comenzase a participar de las distintas actividades en la Iglesia, donde en una oportunidad el Padre Michael, en una misa de lavado de pies, le dijo “Jesús te ama”. “Fue entonces que entendí que tenía que cambiar mi vida”, aseguró. Cuando se internó por primera vez pesaba 45 kilos pero logró terminar el tratamiento contra la adicción en mayo de 2014, tras lo cual comenzó a colaborar con las tareas de la parroquia.

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