02/08/2013
"GUARDIA SUIZA"

La custodia de Francisco, en Buenos Aires

La muestra "La Guardia Suiza y el Santo Padre" se exhibe en la Catedral. Entre armas y cascos, se recorre la vida diaria del cuerpo de elite más famoso.

"Ardua tarea tienen". La reflexión, entre complaciente y misericordiosa, pertenece al arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli. "Está en buenas manos", se convenció luego el titular de la diócesis más importante del país. Agradecimientos y bendición pertinente, el obispo dejó inaugurada la exposición "La Guardia Suiza y el Santo Padre" que trae a Buenos Aires de la mano de la Embajada de Suiza elementos y fotografías de uno de los símbolos más representativos del Estado Vaticano.

La Guardia Suiza es el ejército más pequeño del mundo y desde hace 500 años sirve a los papas desde el inicio del pontificado hasta su muerte. Son, a su vez, la fuerza de seguridad más reconocida a nivel mundial por su particular uniforme: un traje renacentista que el próximo año cumplirá 100 años desde que el comandante Jules Repond lo diseñó inspirado en un fresco de Rafael. Sin embargo, la leyenda ampliamente difundida cuenta que el propio Miguel Ángel fue quien ideó los trajes.

La muestra, que se podrá ver en la Catedral Metropolitana, acerca a los argentinos a las 110 almas que custodian al papa Francisco dentro de las 44 hectáreas que componen el Estado Vaticano. Sébastien Roulin es uno de ellos; tiene 23 años y se unió a la Guardia Suiza en 2011. Presente durante la inauguración de la exhibición, dialogó sobre su trabajo y la relación con un pontífice con muy poco protocolo.

Como guardia de rango bajo, Roulin contó que su labor diaria no se modificó con la llegada de Francisco. "Nos ocupamos de la capa externa de la seguridad, y los movimientos del papa no influyen mucho en esa capa externa de la seguridad. Pero cambia más para los oficiales que son los guardias más cercanos al papa".

Los guardias son conscientes de su popularidad entre los turistas que se acercan a la Plaza San Pedro día a día. Por eso, están siempre dispuestos a posar para las fotos, "pero a veces no podemos aceptar; no porque no queremos, sino por razones de servicio. Por ejemplo, si hay mucha circulación. El servicio es lo que siempre prevalece, después vienen las fotos".

Parte de su fama se la deben a su uniforme, un traje compuesto por pantalón, una casaca, medias altas y una boina o un casco, dependiendo de la situación. Mientras lo llevan puesto no pueden sentarse. Para su defensa portan una espada, una alabarda y un spray continuamente. Pistolas y fusiles de asalto "en los puestos de servicio, nunca sobre el hombro", detalló Roulin.

Sirven al papa entre dos y tres años, y sólo un 10% hace carrera en el cuerpo. Durante este tiempo, viven en aposentos vaticanos. Hasta allí llegan luego de una exhaustiva selección. Siendo unidades militares de élite, se les exigen requisitos básicos como ser varones solteros, ciudadanos suizos, profesar el catolicismo, medir como mínimo 1,74 metros, tener entre 19 y 30 años, poseer título profesional o secundario, y haber completado el servicio militar obligatorio en Suiza.

"Hay un centro de reclutamiento en Suiza y ahí hay que enviar la postulación. Hay una primera selección de los que cumplen los requisitos de entrada. Luego uno es convocado. Primero tiene los tests de aptitudes y de inteligencia. En la segunda selección, el comandante de la Guardia Suiza (el oficial de mayor rango) va a Suiza y tiene una conversación con cada uno para luego elegir quién va al Vaticano", explicó en diálogo con este medio.

Cuando llegan al Vaticano, son instruidos en el uso de armas, desde las más antiguas hasta pistolas 9 mm y ametralladoras. También aprenden defensa personal, combate cuerpo a cuerpo y técnicas anti-terrorismo.

Entre los elementos que se exhiben detrás del altar mayor de la Catedral hay armas, cinturones, monedas y un casco, cuyas plumas cambian de color dependiendo el rango del guardia. Además, ofrece información sobre el Estado Vaticano que pese a ser el más pequeño del mundo tiene su propia moneda, club de fútbol y chapa vehicular.

En 17 paneles y 4 gigantografías se repasa la labor de la Guardia Suiza y su historia, la cultura suiza y vaticana. Como souvenir, la posibilidad de tomarse una foto personificando a un guardia.

La muestra fue inaugurada con la presencia del embajador suizo en la Argentina, Johannes Matyassy, quien consideró la labor de los guardias como "un desafío" dada la espontaneidad y acercamiento de Francisco con los fieles, pero la ejecutan "perfectamente". También participaron el secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri, el director de Cultos porteño, Alfredo Abriani, el representante de la Nunciatura Apostólica, Arnaldo Catalán y el arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli.

Se podrá ver hasta el 21 de agosto con entrada gratuita, y luego está programado que se exhiba en algunas provincias y en otros países.

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