17/04/2013
AUDIENCIA PÚBLICA CON MÁS DE 50.000 FIELES EN LA PLAZA DE SAN PEDRO

El Papa intercambió su solideo con peregrinos

Como es ya habitual los miércoles Francisco concentra una multitud aunque sea día laboral. En la catequesis se refirió a Jesús como nuestro abogado que siempre nos defiende y nunca nos deja solos. Pidió a los jóvenes servir al Señor con entusiasmo y recordó a las víctimas del terremoto en Irán.

La plaza de San Pedro volvió a quedar pequeña para la audiencia general de los miércoles, en la que Francisco desató de nuevo el entusiasmo con sus improvisaciones al margen del texto escrito. A la catequesis sobre el Año de la Fe, el Papa añadió comentarios muy vivos sobre la misericordia divina, el perdón de los pecados, el empuje de los jóvenes o el retraso del avión de Sassari (Cerdeña), que provocaron aplausos ensordecedores.

Por el momento, las improvisaciones se limitan a sus discursos en italiano, mientras que se atuvo al texto en el resumen que él mismo hizo en castellano, incorporado ya de modo estable al formato de las audiencias desde la semana pasada.

Salta a la vista que Francisco atrae multitudes, pues la plaza de San Pedro resulta chica en un día laboral antes de que empiece la temporada turística. Pero resulta todavía más llamativo su talento para la comunicación natural con los italianos. De hecho, lo más apreciado y aplaudido de cada audiencia general son las frecuentes improvisaciones para recalcar algunas ideas o para añadirlas.

Cuando se refería a Jesús resucitado, añadió fuera del texto que «es nuestro abogado, es decir, nos defiende desde el cielo. Nos defiende de nosotros mismos, de nuestros pecados». Recordando que un abogado siempre ayuda, Francisco invitó vigorosamente a los fieles: «¡No tengáis miedo de hablarle! ¡Él nos perdona siempre! ¡Él nos defiende siempre!». Gracias a esa ayuda «no estamos nunca solos».

En los saludos a los grupos de italianos, el Papa informó que tenían que haber venido también peregrinos de Sassari (Cerdeña) junto con su obispo, «pero el avión ha sufrido un retraso de tres horas y no llegan. En todo caso, les tenemos presente en el corazón». Los fieles se lo confirmaron con un gran aplauso.

Al final, refiriéndose a los jóvenes, les invitó a seguir a Jesús con entusiasmo, añadiendo que «¡No se puede imaginar un joven sin entusiasmo! ¡Servid al Señor con entusiasmo!». El aplauso fue ensordecedor.

Ese mismo estilo sencillo y personal tienen las brevísimas homilías de la misa que Francisco celebra cada día a las siete de la mañana en la Casa Santa Marta, y a la que asisten por turnos empleados laicos de distintos departamentos del Vaticano. El Papa les anima, les valora, y saluda a cada uno al final de la misa, aportando un ejemplo de cercanía y afecto muy positivo para toda la Iglesia católica.

CATEQUESIS EN EL AÑO DE LA FE

VATICANO, 17 Abr./2013.- Cumpliendo una antigua tradición, durante el recorrido que dio en el papamóvil a la Plaza de San Pedro, antes de la Audiencia General de este miércoles, el Papa Francisco intercambió su solideo blanco con el que le ofreció un peregrino.

El gesto, que se puede observar el video difundido por el Centro Televisivo Vaticano (CTV), se repitió al concluir la audiencia con un sacerdote que le alcanzó otro solideo blanco, mientras el Papa saludaba a los fieles en el atrio de la Basílica de San Pedro.

La antigua tradición consiste en que si se compra un solideo blanco en la sastrería del Papa y se presenta durante una audiencia papal, la Guardia Suiza se encargará de intercambiarlo por el que lleva el Santo Padre en ese momento.

Durante la Audiencia General de los miércoles, el Papa Francisco abordó la Ascensión de Cristo a los cielos e invitó a los 50.000 de fieles que asistieron a la Plaza de San Pedro a acudir a Jesús ante las asechanzas del diablo, pues Él es el abogado “que nos defiende siempre”.

“Durante la ascensión Jesús cumple el gesto de la bendición sacerdotal”, recordó el Papa. “Este es un primer punto importante: Jesús es el único y eterno Sacerdote, que con su pasión ha pasado por la muerte y la tumba, resucitó y ascendió a los cielos y está con Dios Padre, intercediendo por siempre en nuestro favor. Como escribe San Juan en su primera carta: Él es nuestro abogado, nuestro defensor ante el Padre”, añadió.

“¡Qué bello es escuchar estas palabras! Cuando a uno lo cita un juez o tiene un pleito, lo primero que hace es buscarse un abogado para que lo defienda; nosotros tenemos uno que nos defiende siempre, nos defiende de las asechanzas del diablo, de nuestros pecados... No tengamos miedo de acudir a pedirle perdón, bendición y misericordia. Nos perdona siempre: es nuestro abogado; nos defiende siempre. ¡No lo olviden nunca!”, expresó.

Cristo, afirmó Francisco, “es como el jefe de un grupo de montañeros, que llegado a la cima, tira de nosotros y nos lleva a Dios. Si le confiamos nuestras vidas; si nos dejamos guiar por Él estamos seguros de estar en buenas manos”.

En ese sentido, explicó que Jesús sabe que “el camino de vuelta a la gloria del Padre pasa por la cruz, por la obediencia al designio divino de amor por la humanidad”, e indicó que “también nosotros hemos de saber que entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad cotidiana a su voluntad, aun a costa de sacrificios y del cambio de nuestros programas".

Durante la catequesis, el Papa dijo que no es raro que luego de la Ascensión, los apóstoles regresaran a Jerusalén “con gran alegría”, pues a los ojos de la fe “entienden que aunque ya no lo vean con los ojos, Jesús permanece con ellos para siempre, no los abandona y en la gloria del Padre, los sostiene, los guía e intercede por ellos”.

Asimismo, explicó que Lucas coloca la Ascensión al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, “para subrayar que este evento es como el eslabón que engancha y une la vida terrenal de Jesús con la de la Iglesia”.

Además menciona que dos hombres vestidos de blanco les instan a no quedarse inmóviles allí, sino a nutrir su vida y su testimonio con la certeza de que Jesús volverá de la misma manera en que ascendió al cielo.

“Se trata de una invitación a partir de la contemplación del Señorío de Jesús, para recibir de él la fuerza de dar testimonio del Evangelio en la vida cotidiana: contemplar y actuar. ‘Ora et labora como San Benito enseña: ambas son necesarias en nuestra vida de cristianos”.

Finalmente Francisco reiteró su llamado a confiar en Cristo, el abogado “que nos espera y nos defiende” y que nos guía, “y con nosotros hay muchos hermanos y hermanas que...en la vida familiar y laboral, con sus problemas y dificultades, sus alegrías y esperanzas viven la fe día a día y llevan, con nosotros, al mundo del señorío del amor de Dios, en Cristo resucitado, ascendido al cielo, abogado nuestro”.

Al final de la audiencia, el Papa saludó a los obispos de Inglaterra y Gales y a los peregrinos polacos del santuario de San Andrés Bobola de Varsovia venidos a Roma en el 75 aniversario de la canonización del santo, uno de los patrones de Polonia, que fue sacerdote jesuita y mártir. “Ha dado la vida por la fe, la reconciliación de los hermanos y la unidad de la Iglesia. Que su intercesión ante Dios obtenga a la Iglesia el don de la unidad y la paz”, exclamó el Santo Padre.

Francisco intercambió su solideo con peregrinosFrancisco intercambió su solideo con peregrinos

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