24/03/2013
DOMINGO DE RAMOS EN LA PLAZA SAN PEDRO. Y DIJO FRANCISCO: «COMO DECÍA MI ABUELA, EL SUDARIO NO TIENE BOLSILLOS»

"Nunca se dejen vencer por el desánimo"

El Papa argentino ante una multitud en la Plaza San Pedro advirtió a los fieles: "No sean nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo" y que no se dejen robar la esperanza. También apuntó contra las guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero y de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación.

El Sumo Pontífice celebró la misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro, donde llegó a bordo del papamóvil descubierto en el momento en que la multitud cantaba el Hossanna.

Ante más de 250.000 personas el papa Francisco denunció hoy las guerras, los conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero y de poder, la corrupción, los crímenes contra la vida humana y contra la creación y dijo que con Cristo se puede vencer el mal que hay en los hombres y el mundo. Y pidió a los miles de fieles que le escuchaban en la plaza del Vaticano durante la procesión de las Palmas, que no deben ser personas tristes y que nadie "les robe la esperanza".

Olivos centenarios traídos de la sureña región italiana de Puglia (Apulia) y palmas procedentes de Sanremo (Italia) adornaban la plaza vaticana, adonde entró el pontífice argentino en medio de los aplausos de los presentes, que llevaban ramas de olivo.

Francisco, vestido con ornamentos rojos y portando el báculo, presidió la procesión, que salió de los palacios pontificios y se dirigió hacia el obelisco de Sixto V instalado en el centro de la plaza vaticana. Llevaba en su mano derecha el anillo del Pescador, que se pone para las ceremonias mientras que el sábado, para la visita a Benedicto XVI en Castel Gandolfo llevaba el suyo anterior, de obispo porteño, muy pequeño y sencillo.

Ante las más de 250.000 personas que asistieron al comienzo de los ritos de Semana Santa, el papa Bergoglio invitó a los cristianos a llevar la alegría de Cristo a todo el mundo y a no "ilusionarse" con la sed de dinero, que dijo, "nadie se llevará consigo". Señaló: "Como decía mi abuela: el sudario no tiene bolsillo".

"No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no nace de tener muchas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; con él nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aún cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables y ¡hay tantos!", afirmó.

En la jornada en la que la Iglesia conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, el papa argentino afirmó que Cristo no entró para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra sino para ser azotado, insultado y ultrajado.

En la homilía, el papa Francisco subrayó que Jesús tomó sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, "también el nuestro, y lo lavó, lo lavó con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios".

"Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la Humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación", denunció.

"Y nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación", añadió.

El Obispo de Roma recordó la entrada de Jesús en Jerusalén y afirmó que no lo hizo para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra sino para ser azotado, insultado y ultrajado.

Aseguró que Jesús en la cruz siente todo el peso del mal "y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección, con Cristo todos podemos vencer el mal que hay en nosotros y en el mundo".

Vencer el desánimo

El papa dijo también que un cristiano jamás puede ser una persona triste y exhortó a no dejarse vencer por el desánimo "incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables".

"Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; de saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables..., y ¡hay tantos".

Es un día memorable para el nuevo Pontífice, al igual que la histórica cita que ha vivido este sábado con su antecesor, Benedicto XVI. Por primera vez se pudo ver a dos Papas juntos y ambos con el tratamiento de Su Santidad, en el encuentro que tuvo lugar en Castel Gandolfo.

"Somos hermanos". Con estas palabras el Papa Francisco rechazaba el puesto de honor que le cedía su antecesor e iniciaban los rezos juntos en el mismo banco. La visita duró casi tres horas y durante la misma rezaron juntos en la capilla del palacio apostólico, mantuvieron un encuentro a solas durante 45 minutos y comieron junto a los secretarios privados. Tras este encuentro, el papa Francisco regresó al Vaticano.

Alusión a la juventud

En la celebración del domingo de ramos se realiza la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud diocesana, bajo el lema 'Id y haced discípulos a todos los pueblos', basado en el capítulo 28 del evangelio de Mateo, como preparación de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que se llevará a cabo en Río de Janeiro (Brasil) en julio de este año. El Papa Francisco ha confirmado su asistencia a la citada jornada, que se celebrará del 23 al 28 de julio.

Además, el Pontífice presidirá el jueves santo, 28 de marzo, la Misa Crismal, a las 9.00 horas, en la Basílica de San Pedro en la que, cada año, los sacerdotes del clero de Roma concelebran con el Pontífice, como obispo de Roma y bendicen el santo óleo que se utiliza en las parroquias de la capital italiana en los sacramentos de la confirmación y de la unción de los enfermos.

Novedades

Una novedad y cambio del programa habitual, ocurrirá el Jueves Santo por la tarde. El Papa Francisco iniciará el Triduo Pascual a las 17.30 horas con la celebración de la Misa de la Cena del Señor, conocida también como Misa 'Coena Domini', en el Instituto Penal para Menores de 'Casal del Marmo' de Roma y no en la catedral de Roma, la Basílica de San Juan de Letrán, según ha informado la Oficina de Prensa de Vaticano.

Así, la Misa de la Cena del Señor, que se caracteriza por el anuncio del mandamiento del amor y por el gesto del lavado de los pies, será presidida por el Papa en un centro penal de menores masculino y femenino. En su ministerio como arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Bergoglio acostumbraba a celebrar tal Misa en una cárcel, en un hospital o en un hospicio para pobres o personas marginadas, por lo que, según indica la Oficina de Prensa de la Santa Sede, "el Papa Francisco continuará con tal costumbre, que debe caracterizarse por un contexto de sencillez".

El Viernes Santo, el Papa Francisco llevará a cabo la celebración de la pasión del Señor en la Basílica de San Pedro a las 17.00 horas y por la noche, encabezará el rezo del Vía Crucis en el Coliseo a las 21,15 horas.

Recuerdo a Benedicto XVI

Las meditaciones del Vía Crucis de este año evocarán el viaje al Líbano de su predecesor Benedicto XVI "para invitar a toda la Iglesia a tener presente en sus oraciones a Oriente Próximo, sus problemas y a las comunidades cristianas en aquellas tierras", por lo que los textos serán preparados, bajo la guía del Patriarca cardenal Bechara Bpuytros Räi, por dos jóvenes libaneses y seguirán el esquema tradicional de las catorce estaciones.

Además, el 30 de marzo, Sábado Santo, el Papa Francisco encabezará la 'Vigilia pascual en la Noche Santa', en la Basílica de San Pedro a las 20.30 horas.

Por último, el 31 de marzo, Domingo de Pascua, el Papa Francisco presidirá la Misa de Pascua de Resurrección en la Plaza de San Pedro a las 10,15 y, al finalizar, impartirá la Bendición 'Urbi et Orbi' a las 12,00 horas desde el balcón central de la Basílica Vaticana. Será su segunda Bendición 'Urbi et Orbi' después de la que impartió el pasado 13 de marzo, tras haber sido elegido Pontífice y haber sido presentado con el 'Habemus Papam' por el cardenal protodiácono, el francés Jean-Louis Tauran.

La Urbi et Orbi se imparte durante el año sólo en dos ocasiones, el domingo de Pascua y el día de Navidad, 25 de diciembre. Esta bendición confiere la indulgencia plenaria bajo las causas previstas por la Iglesia Católica y los efectos se cumplen para los fieles que la reciben con fe y devoción en la Plaza de San Pedro y a todos los que la escuchan a través de los medios de comunicación.

 

TEXTO COMPLETO:

Vaticano, Plaza San Pedro. Homilía del Papa Francisco en la Misa por el Domingo de Ramos 2013

1. Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto» (Lc 19,38).

Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo.

Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma.

Este es Jesús. Este es su corazón atento a todos nosotros, que ve nuestras debilidades, nuestros pecados. El amor de Jesús es grande. Y, así, entra en Jerusalén con este amor, y nos mira a todos nosotros.

Es una bella escena, llena de luz – la luz del amor de Jesús, de su corazón –, de alegría, de fiesta.

Al comienzo de la Misa, también nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas.

También nosotros hemos acogido al Señor; también nosotros hemos expresado la alegría de acompañarlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida.

Jesús es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y así lo hemos acogido hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo.

Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos!

Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro.

Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.

2. Segunda palabra: ¿Por qué Jesús entra en Jerusalén? O, tal vez mejor, ¿cómo entra Jesús en Jerusalén? La multitud lo aclama como rey. Y él no se opone, no la hace callar (cf. Lc 19,39-40). Pero, ¿qué tipo de rey es Jesús?

Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla, que tiene el sentido de ver en Jesús algo más; tiene ese sentido de la fe, que dice: Éste es el Salvador.

Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero.

Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Pienso en lo que decía Benedicto XVI a los Cardenales: Vosotros sois príncipes, pero de un rey crucificado.

Ese es trono de Jesús. Jesús toma sobre sí... ¿Por qué la cruz? Porque Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios.

Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que nadie puede llevárselo consigo, lo debe dejar.

Mi abuela nos decía a los niños: El sudario no tiene bolsillos. Amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también –cada uno lo sabe y lo conoce– nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación.

Y Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Este es el bien que Jesús nos hace a todos en el trono de la cruz. La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho él aquel día de su muerte.

3. Hoy están en esta plaza tantos jóvenes: desde hace 28 años, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: jóvenes.

Queridos jóvenes, os he visto en la procesión cuando entrabais; os imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; os imagino mientras aclamáis su nombre y expresáis la alegría de estar con él.

Vosotros tenéis una parte importante en la celebración de la fe. Nos traéis la alegría de la fe y nos decís que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre: un corazón joven incluso a los setenta, ochenta años. Corazón joven. Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, y vosotros lo sabéis bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar.

Y vosotros no os avergonzáis de su cruz. Más aún, la abrazáis porque habéis comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el don de sí, en salir de uno mismo, y en que él ha triunfado sobre el mal con el amor de Dios.

Lleváis la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo. La lleváis respondiendo a la invitación de Jesús: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año. La lleváis para decir a todos que, en la cruz, Jesús ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha traído la reconciliación y la paz.

Queridos amigos, también yo me pongo en camino con vosotros, desde hoy, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la próxima etapa de esta gran peregrinación de la cruz de Cristo. Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro.

Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Preparaos bien, sobre todo espiritualmente en vuestras comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero.

Los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús. Tres palabras: alegría, cruz, jóvenes.

Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Que así sea.

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