17/03/2013
ESTE DOMINGO, ANTES DE REZAR EL ANGELUS, FRANCISCO DIO SU PRIMER MISA DOMINICAL Y PÚBLICA EN LA PARROQUIA DE SANTA ANA

EL PAPA HIZO HINCAPIÉ EN LA MISERICORDIA Y EL PERDÓN

Francisco no deja de sorprender a los romanos y al mundo entero con su simpleza y rompiendo el protocolo se acerca a saludar personalmente a los fieles tras la misa pública en la pequeña Parroquia de Santa Ana. Después con el rezo del Angelus la multitud en la Plaza San Pedro lo ovacionó. La humildad resalta hasta en sus pies, calzados con los viejos zapatos con que llegó a Roma desde Argentina.

“Dios no se cansa de perdonar”, dijo el papa Francisco en su primer ángelus

“Es como un párroco, sencillo y directo”. El comentario se escucha ya en todas partes, y el Papa dio este domingo, de nuevo, la razón a los que rebajan cariñosamente su categoría en el escalafón eclesiástico. Su primer ángelus fue un monólogo de párroco, amistoso, cercano, y desprovisto de cualquier solemnidad. Ante una multitud delirante de entusiasmo, el Pontífice se detuvo a recordar por qué ha escogido un nombre tan cargado de simbolismo, Francisco, y tan difícil de citar a secas. “Lo he elegido pensando en Francisco de Asís, el patrón de Italia, y eso refuerza mi relación espiritual con esta tierra de donde procede, como sabéis, mi familia”. La referencia demuestra gran olfato político porque ayer se festejaba el día de la Unidad de Italia, ocurrida hace 152 años.

El Papa saludó con un simple “buenos días” a la gigantesca multitud, y terminó deseando “buen domingo y buena comida”, a todos los peregrinos, también a los que seguían el acto a través de la televisión.

El Pontífice abordó el tema del Evangelio del día, referido a la mujer adúltera, y subrayó la actitud de Jesús, “del que no escuchamos palabras de desprecio, ni de condena, sino solo palabras de amor, de misericordia, que invitan a la conversión”. Una evidencia más de que Dios, “no se cansa jamás de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”, dijo. Los aplausos interrumpieron al Pontífice, que apareció sonriente en la ventana del estudio del apartamento del palacio apostólico que, previsiblemente, ocupará dentro de unos días. El Papa Francisco procuró mantener la atención de la gente, relacionando el tema evangélico del día, la misericordia de Dios, con historias de su vida eclesiástica. Contó una conversación mantenida hace años con una anciana, en su nativa Argentina. “Aquella abuela, como llamamos a las ancianas en mi tierra”, dijo, “quería confesarse”. Por improbable que resultara como pecadora, ella le aseguró que todo el mundo tiene pecados. Aunque no dudaba que sería perdonada. “¿Por qué está tan segura?, le pregunté”, siguió contando el Papa. “Porque si Dios no perdonara, el mundo no existiría’, me contestó”. Y a partir de ahí, bromeó el Papa: “Me quedé con ganas de preguntarle, señora, ¿ha estudiado usted en la Gregoriana”.

Bergoglio se refirió también elogiosamente al cardenal Walter Kasper, “teólogo destacado”, dijo, y al libro que publicó sobre la misericordia, “que me hizo tanto bien leer”. Consciente de la extrañeza general por la mención, el Papa se apresuró a agregar, “no pretendo hacer publicidad de los libros de mis cardenales en absoluto. Pero es la verdad”. En ese libro, el cardenal alemán afirmaba: “Un poco de misericordia cambia el mundo, le vuelve menos frío y más justo”.

Los aplausos arreciaron cuando el Papa Francisco terminó su homilía, no precisamente breve. Muchos de las decenas de miles de personas que acudieron a la plaza de San Pedro para escuchar su primer ángelus’, no pudieron pasar de la Vía de la Conciliazione, desde donde siguieron su intervención a través de las pantallas de vídeo gigantes. La falta de sincronización en el audio, duplicó de una forma molesta el discurso del Pontífice que, a tenor de los comentarios que se escuchaban el día anterior en la calle, parece haber conquistado al mundo, y especialmente a los italianos.

Este domingo se había iniciado, en el Vaticano, con una misa celebrada por el Pontífice en la parroquia de Santa Ana, en la que mencionó también el valor de la misericordia, y subrayó la importancia de no condenar. Después, rompiendo el protocolo una vez más, salió a la puerta de la iglesia y saludó a cada uno de los fieles, al estilo de los curas protestantes. “Lo hacía ya en Buenos Aires”, confirmaron unos fieles argentinos.

“Este Papa lo transformará todo. Ya lo verá”, explicó entusiasta un argentino cincuentón, envuelto en un grueso abrigo de lana azul oscuro. “El anterior era demasiado aristocrático. Necesitamos un Papa así”. A su lado, una pareja joven intentaba hacer callar al perro diminuto que ladraba, probablemente aterrado, en medio de la multitud.

Francisco rezó el Angelus ante los miles de fieles en la Plaza San PedroFrancisco rezó el Angelus ante los miles de fieles en la Plaza San Pedro

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