OSSE: Restringido de 11 a 17
26/12/2011

PERÚ: Humala relanza su gobierno tras el cambio de gabinete

El presidente de Perú Ollanta Humala se apresta a completar el relanzamiento de su gobierno tras cambiar el gabinete a sólo 136 días de su asunción y en medio de un debate sobre las políticas y los instrumentos para mantener el alto crecimiento económico y dotarlo de mayor inclusión social.

Ese relanzamiento, que comenzó el 11 de este mes, cuando juró el nuevo equipo, se completará el 5 de enero, cuando el nuevo presidente del Consejo de Ministros (jefe del gabinete), Oscar Valdés, y los 18 ministros se presenten ante el plenario del Congreso unicameral para explicar la orientación política de esta nueva etapa.

El temprano recambio del gabinete reflejó de manera transparente el acalorado debate que tanto dentro del gobierno –al menos, hasta ese momento– y de la coalición gobernante como fuera de esos ámbitos tiene lugar acerca de cuáles deben ser las estrategias y los instrumentos adecuados para conducir el gobierno hacia objetivos sobre los cuales, en general, se coincide.

Desde la campaña para la segunda vuelta electoral y hasta los mensajes navideños que pronunció el jueves por televisión y escribió este sábado en Twitter, Humala ratificó su idea de mantener las altas tasas de crecimiento económico que desde hace años goza el país y promover una mayor inclusión social, para lo cual, sostiene, se necesita del diálogo y la concertación.

Nadie discute esos objetivos genéricos, pero a partir de allí se advierte inmediatamente la coexistencia de ideas, opiniones y expectativas muy diversas, que generan una polémica permanente en una ciudadanía que, tal como lo demostraron las encuestas de intención de voto previas a las elecciones presidenciales de 2006 y 2011, es demasiado impaciente.

A ello se suma el hecho de que muchos y muy diversos sectores se sienten tributarios del ajustado triunfo electoral de Humala, con poco más de 31 por ciento en la primera vuelta y de 51 por ciento en el balotaje, y la coexistencia de todos ellos se vuelve turbulenta.

A ese triunfo contribuyó naturalmente el núcleo del Partido Nacionalista Peruano (PNP) fundado por el mandatario, pero también los numerosos y heterogéneos grupos de izquierda que confluyeron para formar la alianza Gana Perú.

Asimismo, deben computarse los sectores de centro y liberales que quedaron sin representante tras la primera vuelta y lo apoyaron para el balotaje e incluso para el gobierno, como es el caso del partido del ex presidente Alejandro Toledo, y la continuidad de funcionarios económicos claves del período anterior, a cargo del aprista Alan García.

Una buena prueba de ese panorama es el reciente conflicto generado por el rechazo a un proyecto minero en la región norteña Cajamarca, ahora en una impasse pero no desactivado.

Por un lado, resultó la expresión de la escasa paciencia que pueden tener algunos líderes locales en relación con situaciones que en muchos casos vienen de larga data –fuentes oficialistas estiman que Humala heredó de García más de 200 conflictos regionales– y hacia los cuales los gobiernos centrales han tenido en general poca atención.

Por otra parte, refleja también las contradicciones que genera el desarrollo de la minería, una actividad que viene siendo simultáneamente pilar fundamental del formidable crecimiento de la economía peruana y fuente de objeciones por el destino de sus utilidades y su impacto sobre el ambiente y la producción agropecuaria.

Otro de los asuntos conflictivos que viene de lejos es el combate a la guerrilla. Si bien lejos de la magnitud que causó más de 70 mil muertos en los ´90, aún se mantienen activos dos grupos remanentes de la organización maoísta Sendero Luminoso, que periódicamente atacan patrullas policiales y militares y matan a algunos de sus efectivos.

Si algo no está dispuesto Humala a conceder a sus aliados izquierdistas es benevolencia con esa guerrilla residual -que como oficial del Ejército en actividad participó de la lucha antisubversiva-.

La primera dama, Nadine Heredia –muy influyente en la vida política de Humala y en la de su gobierno– no tuvo empacho el jueves en considerar una “injusticia” los permisos que el Poder Judicial otorgó a la estadounidense Lori Berenson y el chileno Lautaro Mellado, presos por terrorismo, para viajar a sus países con motivo de las fiestas de fin de año.

Uno de esos grupos remanentes de Sendero, el que opera en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), une al de la guerrilla otro problema crucial para Perú –primer productor mundial de hoja de coca–, pues actúa en connivencia con organizaciones narcotraficantes.

Humala, que igual que sus antecesores centristas García y Toledo los llama “narcoterroristas”, planteó este mes, en su discurso por el Día del Ejército, la necesidad de “llevar el Estado al VRAE”.

Y en una conferencia que dio por esos días en Buenos Aires, el embajador peruano en la Argentina, Nicolás Lynch, agregó que el gobierno se propone promover otros cultivos, pero advirtió que, para que esa política tenga efecto, deberán ser tanto o más rentables que la coca.

Finalmente, sobre Humala pesa la amenaza del fantasma de Alberto Fujimori, el presidente que gobernó entre 1990 y 2000, y que hoy está preso por corrupción y delitos de lesa humanidad.

La presión de vastos sectores para que se lo indulte es fuerte. Fujimori tiene 73 años, padece un cáncer y aparentemente su salud ya está muy deteriorada.

Políticamente, el fujimorismo aún conserva un nivel de adhesión importante. De hecho, quien compitió con Humala en el balotaje fue la hija del ex mandatario, Keiko Fujimori.

El fujimorismo fue el sector que más distancia tomó de Humala en los primeros días de su mandato pero fue de los menos críticos a partir del cambio del gabinete, cuando el también oficial retirado del Ejército Valdés reemplazó al más dialoguista Lerner en la jefatura del gabinete y sectores más moderados sospecharon una “militarización” del gobierno.

Tal vez en el riesgo de que el amplio arco del centro a la izquierda dejara solo a Humala y lo acercara por descarte al fujimorismo –el oficialismo no tiene mayoría en el Congreso– pensó Toledo cuando se desdijo pocos días más tarde del portazo que dio al presidente tras el cambio de gabinete.

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